Presidente de la Sociedad Nuclear Española

“Por séptimo año consecutivo, la operación de nuestro parque nuclear en el año 2018 fue la primera fuente de generación de energía eléctrica”


EL PRESIDENTE DE LA SNE PONE DE MANIFIESTO QUE LA OPERACIÓN DE LAS CENTRALES NUCLEARES ESPAÑOLAS MÁS ALLÁ DE SU VIDA INICIAL DE DISEÑO ES UNA OPCIÓN TÉCNICAMENTE VIABLE, MANTENIENDO LOS MISMOS O MAYORES NIVELES DE SEGURIDAD Y FIABILIDAD.


D. José Antonio Gago --

Hemos comenzado el año con una buena noticia para el sector nuclear: como viene siendo habitual, las centrales nucleares son la tecnología que más electricidad ha producido el año pasado, ocupando en España el primer puesto de generación eléctrica.

Por séptimo año consecutivo, y una vez más, la operación de nuestro parque nuclear en el año 2017 fue la primera fuente de generación de energía eléctrica, cubriendo más del 21% de la demanda eléctrica peninsular.

Ello cobra especial relevancia en un año en el que, respecto a 2016, la aportación de la hidráulica descendió notablemente (-49,1%) y la eólica se mantuvo estable, lo que conllevó una mayor aportación del carbón (+21%) y de los ciclos combinados (+31,8%); lo que se tradujo en un aumento delas emisiones de CO2 del parque de generación. Justamente lo contrario que debemos hacer para combatir el cambio climático.

Estos datos refuerzan la necesidad de continuar con la operación del parque nuclear actual si queremos reducir las emisiones y no depender de la variabilidad de las condiciones climatológicas para garantizar el suministro.

Sin embargo, a principios del mes de julio salta la noticia deque el nuevo Gobierno quiere cerrar las siete plantas en funcionamiento a medida que cumplan los 40 años de operación.

Desde la Sociedad Nuclear Española, como profesionales de esta industria, defendemos que este posicionamiento no responde a hechos objetivos, no reconoce los beneficios que aporta la producción nuclear al sistema eléctrico y no tiene en cuenta que es una fuente de generación que no emite gases de efecto invernadero.

La cifra mágica de los 40 años se utiliza como un titular para defender un posicionamiento exclusivamente ideológico. Una central nuclear puede seguir operando más allá de esos 40 años que se contemplaron inicialmente en su diseño, siempre que sea capaz de demostrar que se mantienen las condiciones de seguridad requeridas. En España disponemos de normativa específica al respecto emitida por el Consejo de Seguridad Nuclear y que es perfectamente equiparable a las de los países más avanzados, en las que no se fija una vida operativa a estas centrales.

¿En qué son diferentes las centrales nucleares estadounidenses de las españolas para que las primeras estén ya autorizadas para operar hasta los 60 años, cuando disponemos de estándares de seguridad perfectamente equiparables? Si nos centrásemos en mantener un debate técnico, serio y riguroso, la respuesta es sencilla: en nada.

Los datos demuestran año tras año que España es un país nuclear y esta energía proporciona una gran estabilidad al sistema eléctrico. ¿Qué consecuencias tendría esa medida para nuestra economía?

Si analizamos el funcionamiento del sistema eléctrico en los últimos años, cuando en España han coincidido la parada -bien por recarga o por una parada no programada- de dos o más centrales nucleares en un mismo periodo, los precios de casación del mercado diario han aumentado.

Las conclusiones del informe del comité de expertos sobre transición energética son claras y contundentes respecto a los efectos del cierre del parque nuclear: un incremento de costes de entre 2.000 y 3.200 M€ en función del escenario, un aumento de las emisiones en torno a 15 Mt CO2 cada año y la necesidad de una potencia adicional firme de 11.700 MW para sustituirlos 7.100 MW nucleares para garantizar el índice de cobertura en situación extrema.

Además, el cierre progresivo de las centrales nucleares podría ser nefasto también en términos medioambientales, dado que se trata de una energía libre de emisiones.

España debe transitar progresivamente hacia un esquema degeneración en el que el peso de las energías renovables vaya creciendo, cumpliendo siempre con los objetivos de penetración de renovables y de reducción de gases de efecto invernadero fijados por la Unión Europea para los años 2020, 2030 y 2050. Este cumplimiento debe alcanzarse proporcionando al sistema la estabilidad y fiabilidad necesarias, al tiempo que se garantice la contención de los precios.

Por ello, defendemos que el futuro Plan Integral de Energía y Clima con horizonte en 2030 que España debe remitir a la Comisión Europea a finales de año pondrá en valor la necesaria aportación de la nuclear para alcanzar los objetivos medioambientales, al ser una energía limpia, en términos de que no emite gases de efecto invernadero.

También afectaría a nuestra industria, que invierte en I+D+i para el desarrollo de nuevas tecnologías en el ámbito nuclear. Dado que, además, exportamos productos y servicios a más de 40 países.

Este año celebramos el 50 aniversario del inicio de la producción de energía eléctrica de origen nuclear en España, con la puesta en servicio de la central nuclear de José Cabrera (Zorita). A lo largo de estos 50 años, España ha generado una industria que emplea, según datos de Foro Nuclear, a más de 26.500 personas, que aporta más de 2.700 M€ al PIB y que invierte unos 71 M€ al año en I+D+i; aproximadamente, el 1% del gasto total en I+D+i del sector privado en España.

La industria de bienes y servicios del sector nuclear de nuestro país, además de satisfacer las necesidades domésticas, es exportadora y está presente en la mayor parte de los países que hacen uso de la tecnología nuclear.

Al margen -y en paralelo- al tema del cierre o no está el problema sobre el almacenamiento a largo plazo de los residuos, porque algunas piscinas están ocupadas casi al 90%. ¿Qué pasa con el ATC?

De acuerdo con la Ley de Energía Nuclear, la gestión del combustible gastado y de los residuos radiactivos, así como el desmantelamiento y clausura de las instalaciones nucleares, es un servicio público esencial reservado a la titularidad del Estado y que está encomendado a la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos, S.A. (ENRESA).

La gestión de los residuos radiactivos de muy baja, baja y media actividad está resuelta en España gracias al centro de almacenamiento de El Cabril que opera ENRESA. Para la gestión temporal centralizada del combustible gastado, en 2009 el Gobierno efectuó la convocatoria pública para la selección de los municipios dispuestos a albergar el ATC, del cual resultó seleccionada en 2011, hace ya casi siete años, la candidatura del municipio de Villar de Cañas (Cuenca).

Desde entonces, el combustible gastado se sigue almacenando en las piscinas de las centrales nucleares y, en aquellos casos en los que éstas han ido agotando su capacidad de almacenamiento, se han construido instalaciones adicionales en esos emplazamientos, donde se almacenan en contenedores en seco.

El diseño del ATC está finalizado, como prácticamente lo está la evaluación del CSN. Pese a ello, el proyecto ha encontrado múltiples obstáculos en la obtención del resto de permisos administrativos. El actual Ministerio para la Transición Ecológica integra las competencias para la emisión de los permisos necesarios para iniciar su construcción: la autorización de construcción requerida por el RINR y la Declaración de Impacto Ambiental.

Desde la SNE reiteramos que la gestión temporal del combustible gastado está técnicamente resuelta y en España la venimos aplicando a lo largo de estos 50 años.

Para finalizar, y dado que el debate sobre las centrales nucleares está más candente que nunca, ¿cómo ve, en su opinión, el futuro del sector nuclear?

Si salimos de nuestro ámbito cercano y echamos la mirada hacia el mundo observaremos que, salvo excepciones puntuales, muchos países siguen apostando por la energía nuclear; si bien el polo de desarrollo de nuevos reactores se ha desplazado de Occidente a Oriente, con China como actor principal.

El futuro del sector en Europa y en España vendrá marcado por las decisiones políticas y empresariales que se adopten sobre la continuidad de las centrales actuales y sobre nuevos proyectos como los que están en marcha en Reino Unido, Francia o Finlandia. En cualquier caso, el sector necesitará siempre de nuevos profesionales, motivo por el cual desde la SNE estamos trabajando -principalmente a través de las actividades de nuestras Comisiones de Jóvenes Nucleares y de Empleo y Desarrollo Profesional- en atraer, integrar y desarrollar a jóvenes para que trabajen en este sector.